Amigos, estamos viviendo momentos difíciles que requieren de una renovación total para comenzar a vencer cada temor y complicación que tenemos en frente, pero dejamos de percibirlo por estar concentrados en cosas paganas que logran introducirse en nuestros corazones debido a la debilidad natural que poseemos. Me duele escuchar a hombres manifestar que debido a esa debilidad ellos caen una y otra vez, redundan en ese ciclo, pienso que con ojos abiertos porque disfrutan de lo que hacen, dejando entonces que la corriente les arrastre en un placer que al final se convierte en problemas.
Despertemos del sueño en el que nos hemos cobijado, no hemos sabido escoger la oferta que el Señor nos ofrece, hemos abalanzado el cuerpo sobre un baratillo falso en donde por muy poco esfuerzo hemos adquirido algo que tenderá a dañarse. Su oferta es eterna, no es pasajera, y tú estás invitado a orientar a cada hermano a mirar con luces largas el camino que nos depara, escrito está, pero no queremos leerlo, las voces están pero no nos impulsamos a ofrecerlas, otras veces la evadimos.
Hay una gran labor que nos corresponde emprender: ser multiplicadores de la Palabra, su contenido probablemente es conocido por todos, tal vez, olvidado por muchos, y aunque no lo deseen, es preferible que busquemos la forma de encontrarnos con el Señor, a sentir su presencia y testimoniar su Obra en cada uno, para ser exponentes reales de esta misión.
El Señor ha concedido dones y talentos con un propósito específico, no te lo ha regalado para que te lo quedes, y aquí hago énfasis en el Evangelio de Lucas 19, 11-28, en donde Jesús presenta la parábola de la administración de los dineros, dijo: “Por qué no pusiste mi dinero en un banco, para que, al volver Yo, lo cobrara con intereses? Fueron tres los asignados, los dos primeros multiplicaron por diez y por cinco lo recibido, en cambio el tercero por temor prefirió guardarlo. El significado de esta parábola radica precisamente allí, todos hemos recibido al Espíritu, antes de eso ya teníamos un regalo Divino del Padre, un don que no es herencia familiar, es Su Herencia, su Regalo, pero no es solo para ti, te corresponde enseñarle a otros, el concepto es la convivencia real que denote tu reciprocidad al Padre llevando a muchos a su encuentro para que se contagien y sientan su amor verdadero. Esa experiencia, sea cual sea el campo en el que te desarrolles, debe estar armonizada con su Palabra, su Mensaje, en tu frente, tu rostro, tu corazón, debes hacer presente su Amor, por ende, nos corresponde extender su luz para que muchos puedan recibirla y buscar el verdadero camino que nos ha mostrado el Señor. Pero, cómo hacerlo si me quiero quedar con el talento que el Señor me ha dado?
Actuar como Jesús será nuestra consigna, estamos llamados a escuchar al hermano, a socorrerle y abrazarle, a hablarle de la Misericordia del Padre y de nosotros sus hijos, de la gran oferta que nos hizo enviando a su Hijo, se ofreció por nosotros, su premio fue seguir entre nosotros, su mayor gesto: salvarnos y construir una Gloria del Cielo que había sido vedada a las primeras generaciones, hoy, tienes este paquete de oferta que no habrá ninguna que la iguale, esquivar tu vista de esta vitrina es condenarte, es quedar regado en la vía por donde quedarán todos aquellos que como este tercer hombre dispuso en quedarse con el fondo asignado y devolverlo igual al Maestro, muchos dejarán de comprender que hay una misión multiplicadora que debe seguirse en nuestras vidas, despierta!, aprende que mirando puedes ver, aprende que oyendo puedes oír, aprende que hablando puedes hablar; suelta los nudos que te amarran, eres tú quien puedes lograrlo, adelante y no mires hacia atrás!
Paz y tranquilidad. “Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante”, Salmo 16.
Eric
Ing. Eric J. Franco B.
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