viernes, 22 de noviembre de 2013

Mensaje del 22 nov 2103

Sincronicemos nuestros sentidos para apreciar este mensaje que el Señor nos envía.
Todos tenemos una edad real que se cuenta desde el año cumplido más los meses que estuvimos en el vientre materno, se nos ha olvidado aceptar que nuestra existencia como seres independientes comienza desde el momento de la concepción.  El tiempo de gestación y nacimiento, creo, y atrevería a indicar como una de las experiencias más maravillosas que pueda sentir una Mujer, y es aquí en donde iniciaremos el mensaje del día para que podamos comprender un poco de ese concepto de Madre, la naturaleza especial que acontece y la bendición que todos hemos recibido a partir de la Primera Madre que hemos tenido: María.
Quisiera irme en el espacio de tiempo y ver a María justo al momento en que el Ángel le anuncia que quedará embarazada por obra del Espíritu.  Todos sabemos que el óvulo y el espermatozoide deben interactuar para dar vida, es un proceso celular complejo, es una magia que sucede, entre hombre y mujer, y producto de ser células iniciales se transforman en un complejo cuerpo, material, mental, emocional y espiritual, y aunque no lo crean, cualquier desviación genera consecuencias en el cuerpecito del bebé.  Hay otros aspectos que riñen con lo emocional que influye desde la concepción.
El bebé mantiene canales de comunicación con la Madre, va recibiendo información y desarrolla el sentido al oído, tacto, gusto, olfato, estos los toma el bebé a partir de la madre, los percibe, también recibe a través del cordón umbilical, sustancias neurotransmisoras que provocan iguales reacciones que en la Madre, entre ellas, la adrenalina, que produce estrés, tensión, ansiedad, y el bebé lo resiente, lo asume también, están las endorfinas que producen en la madre sosiego, bienestar, paz y que actúan en el bebé.  También está un canal especial: el extrasensorial, es el que traslada el pensamiento del bebé a la madre.
Sabes cuál es nuestro primer hogar?, el vientre de Mamá!, por ende cada una de las percepciones que ella y el padre supieron dar acompañarán para siempre al bebé, es la base sólida del crecimiento en armonía, paz, tranquilidad, de ella recibes el oxígeno, nutrientes, pensamientos, sentimientos de amor, de sentimientos intranquilos propios de odio, rencor, por ende desde allí es donde nosotros como semilla comenzamos a germinar, por lo que requerimos de una buena cultivadora y de un buen observador, cuidador por excelencia, que es el papá.
María sigue siendo Virgen luego de aceptar concebir del Espíritu, su situación propia de mujer la hace sentir y vivir cada una de las experiencias que vive cualquier mujer que ha concebido con hombre vivo, es por ello y sabiendo que dentro de ella existe un Ser Divino, con la única diferencia de contar con otra calidad Humana, decide exponer cada uno de sus mejores momentos maternales para que el Mesías sienta el amor, la paz y la tranquilidad que a ella le costaba emprender debido a las tensiones que le rodeaban, hizo un esfuerzo enorme para que esa Criatura saliera de su Vientre limpio, puro, con un sentimiento de amor que la Madre supo inyectarle.
La Divinidad que representaba a Jesús, la recibió María a partir de Él, era la interconexión profunda desde la concepción divina, por ende María era Divina desde ese momento hasta el final de los Tiempos.  El producto de ese gran cuido, lo ha sido por siempre nuestro Jesús, ella supo moldear su calidad de Madre orientadora para que Él se formara de manera completa, a los ojos del Padre, por ello nos regala al mejor de los Hombres que hoy día es nuestro Salvador y Redentor.
Esa Gracia que recibió María, esa dosis de amor sincero, dedicada, angelical, la ha llevado a ser nuestra Madre Celestial, nuestra Madre de la Iglesia, nuestra insigne representación, que con el amor que le ofrecemos, es la mejor de las maneras de llegar a la Santísima Trinidad. Es por ello que todos los hombres estamos obligados a conjugar a Cristo con María, negarlo es dejar de aceptar a las madres nuestras que nos han parido, que llevaron en su Vientre a cada criatura, por lo cual nos corresponde rendirle el mejor de los cultos, y saberlos orientar.
El hombre sigue confundido con las idolatrías, es un acto de adorar a dioses cuya dimensión ha sido de ídolos, por lo que sugerimos aclarar cuál es el culto que hacemos al Padre, al Hijo, al Espíritu, a las Madres, y los Santos. 
A Dios Padre, a la Santísima Trinidad le “Adoramos”, es mejor conocido como la “Latría”, “Al Señor tu Dios adorarás”, Lucas 4, 8. A la Virgen la Veneramos y le Honramos, el culto es conocido como Hiperdulía, que denota un grado superior, a los Santos, a nuestros Padres, al Obispo, Sacerdote, a los signos de la Patria y seres queridos le Veneramos y profesamos, el culto es conocido como Dulía.  El Culto de veneración que ofrecemos a la Virgen es mayor al de los demás Santos, personas o cosas, pero menor al de adoración a la Trinidad. La diferencia a denotar es que Jesús es verdaderamente Hijo de Dios, por ende es Santo, de la misma manera su Madre adquiere la Santidad. Recordemos que el primer rango divino asignado a la Virgen nace en el año 431, con Constantino y quedó registrado en el Concilio de Éfeso, luego fue defendido como nuestro mayor Dogma por el Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950.
El Culto a María se expresa en la Liturgia, sabiendo que el Centro es Cristo, Ella por siempre a su lado, y en la Piedad Popular, tales como prácticas del Santo Rosario, peregrinaciones a santuarios, novenas, etc.
Sacrosantum Concilium 103, nos regala esto: “En la celebración anual de los misterios de Cristo la Santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Cristo, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en ella la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que ella misma ansía y espera ser”.
Paz y tranquilidad.  “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada”, Lc 1,48
Eric

Ing. Eric J. Franco B.
Gerente General
Constructora Franco S.A.
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