El viernes cuando salíamos del túnel puente del avión, entramos al corredor donde convergen todas las personas que entran o salen, y sucede algo curioso para los que están en el mundo por estar, puede suceder que recorras todo el pasillo hasta llegar al extremo del aeropuerto sin darte cuenta. Si no estamos prestos a las señales que te van indicando el rumbo que debes seguir, es posible que demores horas para salir, muchos actúan en la vida a ciegas, no quieren asumir un rumbo, no quieren obedecer las señales marcadas y anunciadas.
El Evangelio de Mateo 18,14, muestra a Jesús alertando algo especial: “El Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”. El Señor Jesús ha expresado una y otra vez algo que se nos olvida comprender, sus voces son Palabras Sagradas, es la Palabra del Padre contenida en el Hijo a quien ha enviado, a quien ha concedido una naturaleza humana para que nos diga las cosas especiales que nos llevarán a puerto seguro, la Gloria del Cielo. Hay algo curioso, Jesús usa el término "ovejas", con el propósito de ilustrar la naturaleza de este animalito: desorientada por excelencia, sola se pierde, sin un rebaño o grupo, sin un ovejero, simplemente se extravían, nosotros los hombres padecemos particularmente de esa naturaleza.
Cuando hemos aprendido a interpretar la Palabra del Señor, crean de manera profunda y sincera hemos aprendido a seguir cada señal, cada voz aclamada, hemos aprendido a identificar el rumbo de la vida que se nos prestado y que el Padre desea que podamos llevar con esmero y dedicación, sabiendo que hay una segunda opción de vida que ha preparado de manera delicada su Hijo, la Gloria del Cielo, no obstante, nos corresponde aprender a mirar desde el corazón y sentir como siente Jesús por cada uno de nosotros. Es cierto, muchos tienden a perderse por el pecado de adorar dioses falsos, por estar encerrados en el materialismo que no permite avanzar, crean, hay algo especial en nuestro Padre Santo, Él quiere que todos sus hijos se salven, comprendan de una vez por todas, ningún Padre quiere que sus hijos queden regados y perdidos, Él nos buscará así sea hasta el momento de la partida física, esa es su Voluntad, no la del hombre, somos sus creaturas, Él esperará.
Hay algo que no podemos desafiar, habrá dolores, sufrimientos, sí, aquí y allá, más cuando no hemos sabido prepararnos, cuando hemos perdido el rumbo del sendero trazado, cuando hemos desobedecido la voz que nos clama “por aquí es el camino”. Se purga aquí, ciertamente, también se purga allá, estemos atentos a aliviar nuestras faltas, todos pecamos, todos tenemos una opción que el Padre da: la reconciliación, el arrepentimiento, pero de verdad y profunda, no desde la cara hacia afuera, Él nos regala su Misericordia y todo su amor, actúa desde el corazón.
Hermanos, estamos en tiempo de Adviento, veamos la correspondencia íntima que entrelaza el proyecto Hombre con el Proyecto de Dios: Cristo. Con la Encarnación, Dios se inserta en nuestra humanidad, Jesús ha venido a mostrarnos que en los planes de su Padre no está contemplada la pérdida de ninguno de sus hijos, ninguno quedará excluido del amor de Dios, Él espera con paciencia, así tomes miles de años en reconciliarte, su mayor alegría es ver cuando regresas. Alivia la tristeza del Padre cada vez que te pierdas, comprende y siente cuando ves que tu hijo desatiende tus indicaciones, mira todo el ambiente de conflicto que se genera, no le revolvemos el ambiente de paz en el que vive el Padre, dejemos de actuar como necios y tontos, orientemos la vida conforme el modelo enviado, actuemos como Jesús.
“Enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación”, Lc, 21,28
Eric
Ing. Eric J. Franco B.
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