Hermanos, han escuchado la palabra trocha? Recuerdo la primera ocasión en que Papá nos dijo: vamos a ver la finca de café en la Pitaloza, pensamos que era algo simple de llegar a un sitio en auto y ya. No fue así. Dos horas en auto y una en caballo. Cuando llegamos al sitio, crean que era serio, habían matorrales enredados con el café, por lo que alguien dijo: vamos a abrir una trocha para que puedan entrar y recorrerla.
El Señor Jesús vino precisamente a eso: “abrir una gran trocha para todos”, vino a decirnos este es el camino que he abierto para que entren. Jesús no dijo que era un camino fácil, no, insistió en que tendríamos dificultades y que necesitábamos actuar como Él. “Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de Mí, que soy tolerante y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su vida. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Mt 11,28-30.
Llevamos una gran carga en nuestras espaldas, no es tan pesada como la que llevó Jesús, tendemos a quejarnos por todo sin descubrir que Él está aliviándonos de ese peso. Duele ver a hombres protestar cuando algo sucede en la vida, todo lo dirigen a un castigo del Señor, a un peso más que se atribuye, a un agotamiento innecesario para esta vida; no hemos comprendido que el camino no es fácil. Sabes cómo se transita por estas vías que conducen al Señor?, manteniéndonos unidos a su Palabra, siendo humildes, tolerantes, así llegaremos a encontrar paz y dicha en nuestras vidas. En este tiempo de Adviento, precisamente se abre la oportunidad a entrar a ese camino que nos ayuda a dar un gran paso en nuestras vidas, comenzando por hacer una poda a todas las ramas inútiles que han cubierto el tronco de nuestra esencia y evitan que el sol llegue al mismo para alimentarle de la forma adecuada. Tenemos que dejar que su luz llegue de manera directa, es la luz de la vida que nos conduce a su encuentro.
Creen ustedes que estamos orientándonos para entrar por esa trocha?, ojalá que todos pudiésemos decir SÍ, un gran porcentaje de hombres siguen ciegos. Vivimos de “noche de haloween”, de black Fridays, insistimos en mostrar a nuestros hijos que el acontecimiento de la Navidad es la celebración de un hombre vestido de rojo con barbas blancas, el homenaje queremos hacérselo a ese, nos olvidamos que el gran suceso es el Nacimiento de un Hombre que hace dos mil años dio su vida por nuestra salvación. Su nacimiento es la semilla que debe nacer en nuestros corazones, es la luz que nos indica el camino a seguir, en cambio le dejamos apartado, le damos la espalda tan bruscamente que hemos obligado a que se sienta apartado por todos. Hasta cuando el hombre comprenderá que nuestra vida debe estar iluminada por Cristo?, de quién es la responsabilidad de mostrar y educar sobre el gran secreto que tenemos para vivir y llevar una vida orientada a un paso seguro cuyo puerto ha sido construido por ese gran Hombre, Jesús?, por supuesto que de papá y mamá!, por qué tantas faltas y errores?
La confusión, es la detonante que pareciera agradar al hombre, nos preparamos para muchas cosas paganas, en cambio para los acontecimientos del Señor no. No queremos profundizar en cada palabra anunciada por Jesús, no interesa a muchos meditar cuando Él dijo: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva”, Jn 15,1. La vid necesita de alguien que la cuide, el Padre estuvo atento a todo lo que le aconteció. Tú, que estás en esta vida, qué haces por tus hijos?, cuál ha sido el resultado de la Vid con la que Jesús se ha mostrado?, dónde le ubicó el Padre?, adónde quieres que lleguen tus hijos y dónde deseas llegar tú?
No podemos seguir en la vida olvidando las cosas grandes que el Señor nos ha preparado, dependemos de Él en todo lo que somos y podamos llegar a ser, le pertenecemos. Permite que en este camino que nos lleva al Nacimiento del Niño Jesús, presentes a tu familia con toda la pureza y alegría que caracteriza el verdadero amor que refleja su causa, siente su presencia en tu hogar, Él quiere que le abraces, que nazca en tu corazón esa chispa que denota su Espíritu y que apartes la mirada de las cosas materiales que causan dolor y tristeza. Enciende la vela del amor en tu hogar, deja que el Niño entre allí, olvídate del jo, jo, jo.
“Enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación”, Lc, 21,28
Eric
Ing. Eric J. Franco B.
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