Sí, fue allí, en aquel establo en donde se alojaban solamente animales y el alimento que se almacenaba, en donde el olor a excremento era la característica, sí, era en el pueblo de Belén, ubicado a 9 km de Jerusalén, recorrido con mucha dificultad por María y José, y que por orden del Padre a través del Ángel debían acudir allí para que no sufriesen peligro. Resalta una nota curiosa, y no es de extrañar, el Señor sabe lo que hace, Él creó todo, la naturaleza, al hombre, y ahora se hizo presente como Humano, y María sabía que era algo muy especial lo que estaba enfrentando, pero, reconocería cuál podía ser el destino de su Hijo. Ella y José, por siempre supieron OBEDECER al Padre, fueron fieles, algo que cuesta al hombre de hoy, hicieron caso al Ángel, sabían que era mandato de Dios, y llegaron a Belén, que según el idioma cananeo significa Bêth Lahamu “Casa de Dios”, luego cambió de nombre a “Casa del Pan” y finalmente Efrata, apellido de uno de los principales linajes que se fijaron en ella y que se hizo famoso en la rama de Jessé, padre de David.
El Niño lloraba, frío o hambre?, María lo arrulla, mientras llegan los Hombres que siguieron la Estrella. Quién los condujo allí?, el Ángel de Dios, por supuesto!, y José, comienza a sentir cosas, es mi Hijo, no es mi Hijo, qué es este momento Señor?, por qué yo?, tengo que cumplir con el mandato, debo participar de todo lo que se sigue, el Señor lo ha pedido así. Pero cuánta Divinidad hay aquí, y mira a María, se ve tierna con el Niño en sus brazos, de repente comienza el olor a excremento a invadir el ambiente, los mosquitos, el frío, pareciera que ese sitio que no le pertenece a María ni José, comience a adquirir y sentir un ambiente relajado, especial, no es para menos, el Niño Dios ha nacido allí, la atmósfera es de bendición, de paz y de amor. Y el Bebé vuelve a llorar, comienza a lanzar voces, probablemente tiene frío y hambre, probablemente comenzó a decirnos: qué están haciendo en este que es mi día de cumpleaños, todos compraron juguetes, comieron y bebieron, dónde fueron a celebrar, pudieron verme en el momento en que el Sacerdote me dedicaba la Eucaristía, y ustedes dónde se quedaron?, Yo en cambio sigo llorando, protesto porque encima de todo, vuelven y me dejan en la esquina, nadie se acordó de ponerme en el Pesebre, nadie se acordó de decir: Ven Jesús, entra, la fiesta es para Ti, queremos darte gracias por todo lo que has hecho por nosotros, por este mundo y por el que sigue. Pero no, se nos ha olvidado que el invitado es Él, en cambio comenzamos a repartir uvas para contar semillas, nos abrazamos todos, a Él, quien le abrazó?, y dónde quedaron nuestros sentimientos de amor al prójimo, se nos olvidó que muchos se acostaron sin comer, y que también como Él, tiene frío. Saben, allí está la Madre, y José sabe que no es el mejor lugar para sus Adorados, Él les abraza, les da consuelo, lo hace en nombre y como Padre auténtico, no abandona el momento, se llena de fuerzas y de espíritu, está frente a algo muy especial, y el Bebé se duerme tranquilo, en el Seno de María, su Madre, siente paz y tranquilidad, y tú, qué haces?, sientes desolación, ah, no recuerdas todo lo que hiciste u ofendiste, no recuerdas que dijiste alguna palabra indebida a Mamá o Papá, a tu hermano, al prójimo, no supiste ponerte en paz y pedir perdón, tus lágrimas corren cuando sientes el amor del Niño presente, y sientes la necesidad de ese abrazo de Madre y de Padre, corre!, busca ese abrazo, entra en la Paz que el Niño comienza a ofrecerte, no tardes, llega rápido, no pierdas tiempo, la Noche Buena se ha hecho, el Niño Divino ha llegado para darte paz, amor, fuerza, ten fe, abandónate en Él.
El Niño llegó para quedarse, llegó esa gran Luz, que es como el Sol Brillante, yace en ti, y ahora toca cuidar a esa Luz, hay que mantenerla viva, no podemos dejar que se apague, deja que la corriente de su amor nos lleve por el camino, deja que esa luz brille en otros, sé el mensajero de esa luz que es Vida, amor y esperanza, permite que María te arrulle en el momento de debilidad, deja que la fuerza de su Amor llegue a tu corazón, permite que Él nos guíe y sigue su luz que jamás se apagará, trata de ser como Él, el Señor te ha ofrecido lo mejor para ti, y quiere que seas bondadoso, humilde, pobre, sencillo, ha decidido que miremos ese pesebre pobre, en donde ha nacido el Hombre que ha dejado su Huella estampada por siempre, han pasado dos mil años y se le sigue queriendo con más y más fuerza, cuida su obra, permite que su Nombre se mantenga encendido en tus mentes y corazones. Dios te bendiga, y el Niño te acompañe durante cada día de esta vida. Amén!
“Enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación”, Lc, 21,28
Eric
Ing. Eric J. Franco B.
Gerente General
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