“No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino”, Mt 15,33, han sido las palabras de Jesús a sus discípulos luego de llegar al Lago de Galilea, en donde una gran multitud de enfermos acudieron en busca de la ayuda divina que ofrecía Jesús. Qué los movió a ese distante punto?, la curiosidad de saber que estar frente al Mesías podía representar una solución definitiva a sus males?, o simplemente había una fe real y profunda de que sí serían sanados?.
Esta misma pregunta debemos planteárnosla día a día, saben, cuando las cosas no van bien, quedamos como cualquier plato roto, totalmente desparramados en el piso, con el ánimo por debajo de la mesa y los pies agobiados como si la derrota de todo tu ser ocurriese en realidad. Somos muy vagos de espíritu, de fe, de fortaleza, caemos rápidamente, y en muchas ocasiones cuando debemos levantarnos, tendemos a hacerlo con frialdad, porque hemos confundido el plan del Señor, creemos que Él de inmediato tirará su brazo para levantarnos, y sí lo hace, pero tú quieres que te cargue, qué es eso?
Actitud, fe, esperanza y perseverancia deberán ser los ingredientes que debemos insertar en nuestros corazones, no lo eches en la mente, deposítalo en el lugar más seguro que Dios te ha dado, en esa profundidad en donde la luz del Espíritu brilla incesantemente, y que está deseosa de salir contigo adelante en la vida, de llevarte con tu acción frente al Hijo y comprendas lo bello que es sentirse bendecido por Él, haciendo algo que se nos olvida todos los días: actuar y pensar como Él.
Nuestro Señor Jesús estará preocupado por siempre por cada uno, necesita que abras tu corazoncito para que su Misericordia, que es la Misericordia del Padre, pueda hacer el trabajo verdadero que necesitamos y sientas la fortaleza de ese amor, de ese velo, de esa protección que sale cuando has decidido nacer en Él, de complacerle y serle fiel en cada acto que emprendas.
Sentir la presencia maravillosa de Jesús en nuestra vida cotidiana, servirá de testimonio para llevar ese mensaje de salvación, por lo cual nos corresponde cumplir con la solidaridad activa y efectiva, las buenas intenciones, aprender a dar el paso de “decir” al “hacer”, es soltarnos y dejar de hablar sin concretar, de ser visibles con el proyecto y promover un mejor crecimiento del hermano, de ti mismo.
Hermanos, los tiempos han cambiado dramáticamente, se vive como ermitaño, muy pocos se interesan por la comunión con los vecinos, por reconocer sus necesidades, muchos tienen supuestas ventajas económicas, pero graves tropiezos de felicidad, otros tienen graves situaciones de enfermedad, achacando la misma como un castigo, muchos viven confundidos que la Gracia del Padre jamás será entregarnos algo que nos perjudica, Él está atento a todo lo que nos sucede, el problema de este negocio eres tú, que nos ha sabido ejercer el papel que como socio te han encomendado.
Entrar en la Sagrada Escritura es purificarnos en nuestro caminar, es la tendencia precisa que nos toca buscar, debemos dejar que su Voz llegue a las bases de nuestro ser, y así permitir entonces que nos guíe, como se dejó guiar Jesús. Ve tras las huellas que Él dejó marcadas, no hay formas de perderse, abre bien los ojos, limpia bien tus oídos, aprende a mover tus labios, proclama con confianza: Señor que sea tu Voluntad y no la mía, gracias por tu amor, por tu interés manifiesto en salvarnos, perdona mis desatenciones, quiero que seas mi guía por siempre, Amén.
“Enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación”, Lc, 21,28
Eric
Ing. Eric J. Franco B.
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